Cada persona tiene una forma de ver la vida, de llevar sus cuentas y de manejar su dinero. Por eso, no a todos se les facilita hacer las cuentas y apegarse a un presupuesto. ¿Qué hacer, entonces, en vez de esto?

No se trata de ser un experto en finanzas, de haber estudiado ingeniería o de tener que limitarse de absolutamente todos los “gusticos” que surjan; cuando le hablan de la importancia de tener un presupuesto. Se trata de hacer unas cuentas básicas de sumas y restas, reconocer cómo es realmente su estilo de vida y “encajarlo” dentro de unos propósitos que usted tenga.

Pero esto no siempre resulta conveniente para todas las personas, porque puede que no tengan la facilidad de llevar las cuentas, o no sean disciplinados o porque la organización del tiempo o sus mismo trabajo, “no se los permita” (aunque todas terminan siendo excusas, realmente). Pero bueno, pensando en esto, aquí le podemos decir en qué puede estar fallando y, a la vez, le presentaremos otra opción.

Lo típico

Hacer un presupuesto es como cuando usted decide ir a un gimnasio, finalmente, para ponerse en forma. Compra la afiliación, acuerda unas rutinas, se compromete con unos horarios y poco a poco empieza a darse cuenta de cómo su cuerpo se va transformando, según sus objetivos. El presupuesto es exactamente lo mismo, poco a poco se convierte en un hábito que le ayuda a tener control sobre el dinero.Pero, ¿de qué sirve que pague una cuota mensual si le da pereza asistir a la rutina? Lo mismo pasa con un presupuesto.

Al respecto, Lifehacker ha identificado unos errores puntuales que la gente comete cuando hace el presupuesto:

  • No deja de divertirse: hay muchos que no son conscientes de todo lo que pueden llegar a gastar durante una salida un viernes en la noche o un fin de semana con sus amigos o pareja. Cuando no se estima esto, no se calcula realmente cuánto se puede llegar a gastar (puede ser incluso el doble de lo que generalmente gasta entre semana), no habrá “poder humano” que le ayude a que las cuentas le resulten como quiere.
  • Gastos inesperados: “seguro mató confianza” y el popular dicho aplica cuando usted no hace un campito de dinero para aquellas cosas que por voluntad de la vida tenga que pagar en un mes: medicamentos por la gripa, la multa por haber olvidado llevar un libro, el pago del parqueadero de un carro que le prestaron, etc. Esto no significa que tenga que ser alto el presupuesto para este campo, pero sí realista. Igual, si no lo usa, podrá gastarlo el próximo mes o dejarlo para sus ahorros. Estime un valor entre $20 y $50 mil mensual.
  • Altas expectativas: no pretenda ser un Warren Buffett, ni apretarse el cinturón en todo, cuando sabe que tiene que comer y transportarse. No se mienta a usted mismo sobre recortar gastos que no puede o decir que no va a gastar algo en lo que sabe que sí gastará.
  • Herramientas equivocadas: ya sea porque lo lleva en un cuaderno, a mano, con su calculadora, o porque ha aprendido a usar Excel, es importante que usted se sienta cómodo haciendo el registro de sus gastos e ingresos y no lo vea como una tarea de química del colegio, que hacía “porque le tocaba”.

Otra opción

Al respecto, los expertos en planeación financiera, The Financial Diet, sugieren cómo una persona puede ser sana, financieramente, sin siquiera tener un presupuesto, en el sentido técnico que esto requiere. En cambio, la estrategia se vuelve mucho más simple: considere que todo el dinero que le llega va como un ahorro y, en cambio, sus gastos del arriendo, servicios o créditos, son el “recorte” de ese ahorro.

Con respecto al mercado, por ejemplo, la sugerencia es no tener destinado un monto de dinero específico, sino hacer las compras correspondientes y aprovecharlas en su totalidad. Así, si lleva una sopa instantánea de la cual se arrepintió luego, nada que hacer, porque pagó por ella y deberá consumirla. La idea es esa: aprovechar al máximo todo lo que compre.

“Menos es más”, es el mantra que debe aplicar si no se la lleva con la idea de un presupuesto. Procure tener lo básico y necesario en su hogar, venda lo que no usa y ocupe espacio y pregúntese dos veces por las compras que va a hacer, así sean mínimas: “¿es realmente necesario hacerlo?”. No es privarse, sino tener una mayor consciencia sobre el uso del dinero.

Adopte en su vida la regla 50/20/30

Los costos fijos (50%)

Lo que establece esta norma es que de su salario, si usted quiere estar tranquilo y tener una estabilidad económica, no debe gastar más del 50%. Esto es que si recibe de salario $1’500.000, no va a buscar un sitio para vivir en arriendo que le cueste $1 millón. Es la norma básica.

Aquí debe estar y hacer un cálculo de todo aquello que represente su “supervivencia” y que no varía mes a mes: el pago de la casa o el arriendo, los créditos a largo plazo (vehículo o estudiantil), servicios públicos, alimentación y transporte. Quizás algunas personas pueden incluir algunos gastos que, eliminarlos, no puede implicar que disminuya su calidad de vida.

Sí, hay que hacer cuentas, nada que hacer. La matemática es la base de algunas cosas, pero no significa que se deba complicar con logaritmos o ecuaciones, simplemente sumas y restas, no es más.

Objetivos financieros (20%)

¿A dónde quiere llegar? Piénselo bien, ya sea porque quiere una casa o porque quiere hacer un viaje por Suramérica, debe considerar que el 20% de su salario debe estimarse para esto. Aclaramos, no tiene que ser un solo objetivo, por ejemplo, puede considerar incluir en esta categoría el salir de la deuda de su tarjeta de crédito.

También puede considerar ahorros para su futuro o para la construcción de su fondo de emergencia. Para muchos puede que este monto sea demasiado alto, pero recuerde que el ahorro y la planeación financiera es lo que realmente le permitirá a usted hacer realidad sus sueños sin tener que recurrir a deudas o cualquier tipo de crédito en el que siempre va a terminar pagando más de lo que realmente le prestan.

De gastos flexibles (30%)

Finalmente, en la última parte de esta regla de presupuesto, se establece que del 30% de lo que le llega por salario puede destinarse a todo aquello que se denomina como “gastos variables” que puede incluir situaciones como alimentación (si es de quienes ama salir a comer), así como la gasolina, las compras o las salidas con sus amigos o pareja.

Esto es lo que le permite realmente mantener su estilo de vida y de los “gusticos” que podrá permitirse sin que sienta ningún tipo de remordimiento por ello; porque era algo que ya tenía estimado en su presupuesto.

Un ejemplo cotidiano…

Juan recientemente se graduó de ingeniero de sistemas. Logró conseguir un buen puesto laboral en el que le dieron un contrato con un salario mensual de $1.300.000 (neto). Tiene pendiente su crédito con el Icetex, vive con sus padres, pero le ayuda con los servicios y debe pagar todas las prestaciones sociales (que ya fueron descontadas).

Entonces, de acuerdo con la regla, Juan debe estimar:

Gastos esenciales (50%)

  • Transporte: $80.000
  • Alimentación: $200.000
  • Ayuda en la casa: $350.000

Así que en total está gastando $630.000, lo que significa el 49% de su ingreso total

Prioridades financieras (20%)

  • Icetex: $200.000
  • Ahorro para viaje: $60.000

Así que en total está gastando $260.000, lo que significa el 30% de su ingreso total.

Gastos flexibles (30%)

Tiene la opción de gastarse $390.000 a su gusto, por lo que puede que el próximo fin de semana de este mes pueda irse de rumba con sus amigos fuera de la ciudad pero también pueda comprarse esa gorra que le encantó. O, siendo más juicioso, dar un aporte mayor a sus deudas.

Con esto, es mucho más fácil que ordene todas sus finanzas y pueda quitarse la presión de no gastarse más de lo que debe, en tanto que comprende la importancia de que hay prioridades financieras las cuales debe responder sí o sí. Pero si tuviera gastos flexibles mucho más altos, su situación sería otra y el sueño de Juan de viajar por el mundo a los 35 puede no hacerse realidad.

Fuente: finanzaspersonales

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